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Marzo 2011

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Crónica de un desengaño

Tal y como rezaba el Génesis:  Dior expulsó del Jardín de la Haute Couture a Galliano y le espetó: “polvo eres, y en polvo te convertirás” ( 3:19); quedó el gibraltareño fuera del paraíso parisino entonces y colorín colorado este cuento se ha acabado. 


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El dilema del genio y figura del artista o del creador, por un lado, y las cualidades humanas de la misma persona, por otro, siempre me ha mantenido en vilo y nunca he sabido con certeza hacía dónde se debe inclinar la balanza cuando se trata de valorar el talento. Así que con este post, y con todo el ánimo de polemizar, voy a tratar de posicionarme sin muchas esperanzas al respecto. 

Ayer en la redacción confieso haberme reído a carcajada limpia con mis compañeras cuando escuché las primeras versiones de la noticia: Galliano, cuyas excentricidades deambulan desde su faceta más deliciosa y original en la creación y el diseño a lo más oscuro de su lado íntimo y personal, había ofendido a una señorita en el café parisino de La Perle con lo que a mi me pareció una de esas frases que pasarían a formar parte de la historia de la moda:  “Tu éres muy fea y tu bolso más”. Debo confesarlo, lo de “tu bolso más” me pareció sencillamente genial. Sin embargo, el contenido completo y real de las declaraciones parece ser otro muy distinto de la anécdota descrita.

La cosa cambia cuando uno es testigo de cómo el diseñador de su firma preferida, en cuestión de 40 segundos de un vídeo de esos que parecen una parodia grabada entre colegas trasnochados con copas de más, se transforma en un fascista de tomo y lomo de golpe y porrazo, y no precisamente por haberse obsesionado con Wagner, como decía el fabuloso Woody Allen en Asesinato en Manhattan  refiriéndose al dictador alemán -“Ya sabes que no puedo escuchar mucho a Wagner; me entran ganas de invadir Polonia”- particularmente me huelo las razones de sus exabruptos antisemitas, y me da en la nariz, que al diseñador gibraltareño le gusta empolvársela con lo mismo que a la top de las top Kate Moss, que por cierto sobrevivió -y de que manera- a una caída tan brusca e inesperada como la del que fuera proclamado mesías de la maison. Dior me libre de juzgar lo que cada uno quiera meterse por la nariz, pero me muero de ganas por saber si el último resquicio de la alta costura saldrá reforzado de este brownie o bien optará por un final apoteósico a lo McQueen en los próximos días. 

Lo cierto es que este tipo de actitudes de mierda, y perdonen la expresión pero no hay ninguna más idónea para el caso, tienden a empañarme la mirada fría y escrupulosa que suelo tener a la hora de discernir lo personal de la objetividad de argumentar una crítica o justificar un halago, llaménme quisquillosa, pero lo de ser un inframental capaz siquiera de pensar semejantes barbaridades y verbalizar esa clase de vejaciones intolerables me produce las nauseas suficientes como para que se me caiga el mito. O eso pensaba yo, hasta que me he visto como una ciberpsicópata rastreando el calendario de Paris para encontrar la hora exacta del que será el último desfile de Galliano para Dior. Sí, lo sé, esto último me convierte en una cínica deplorable.  

Cómo diría mi madre en estos momentos: ¡Ay si la abuela levantara la cabeza! Mi abuela trabajó para Christian Dior confeccionando diseños en uno de los primeros talleres en los que la casa francesa probaba suerte en España y siempre me intenta martirizar con la misma frase cuando salgo de casa con una de las camisas de cuadros de los pijama de mi padre. ¿Que qué le diría yo en esta ocasión a mi madre? “Pues mamá si viera esto, se volvería a morir del susto”, ahora bien, quizá si le echara un vistazo a esto otro…

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… igual se encontraba como yo… esperando amargamente el desfile de pasado mañana, dando tumbos entre la admiración de su innegable talento y las ganas de amordazarlo por siempre jamás.

Mar 1, 2011

Febrero 2011

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¡TELVA!

Ayer la revista TELVA en su edición digital decidió otorgarnos uno de sus premios a las mejores crónicas cibelinas de la Madrid Fashion Week y no podíamos no agradecer este reconocimiento desde este humilde blog con la ilusión que nos ha hecho. ¡Muchas gracias!

 

Feb 22, 2011
Crónica de un estreno cibelino

Con la misma pasión con la que ayer por la mañana las quinceañeras y las no tanto perseguían a Jon Kortajarena por el Cibelespacio me dispongo a relatar mi primera jornada cibelina para compartirla con todos vosotros. 


Podría hacer una lista infinita de virtudes que encierra el fenómeno de la moda - creatividad, originalidad, belleza, arte – pero quizá por deformación profesional si tuviera que quedarme con una sola de todas ellas, me quedaría con la comunicación; con la transmisión de un mensaje mágico lleno de inspiración que combina una faceta artística y estética con un significado y un sentido; con algo que decir y que contar. 

Siempre he entendido que la comunicación es la genialidad de compartir información, sentimientos y emociones, y para mí la moda es un punto de encuentro; un fenómeno fabuloso en el que el arte y la comunicación se funden a través de creaciones y pasarelas para contar maravillosas historias donde se crean complejos personajes con los que nosotros los lectores y admiradores fashionistas nos identificamos y absorbemos lo que más nos gusta o nos interesa, y así configuramos nuestra propia personalidad y se la mostramos a los demás sobre el asfalto.

Por eso, la moda es compartir, porque tiene esa estupenda faceta íntima y personal (nuestra interpretación, nuestras emociones, nuestro punto de vista) y mi preferida: compartir con los demás nuestros opiniones y conceptos de la estética y de la inspiración; de las raíces de las tendencias y su historia y procedencia, de lo que nos gusta y lo que no, de compartir y comunicar al fin y al cabo.

Créanme, dejar a un lado la frivolidad de la superficie para hurgar un poco en la herida y ahondar en los códigos secretos que encierra este fenómeno mágico merece la pena. Personalmente, trato de hacerlo con cierta frecuencia, y por eso, además de compartir esta pasión con unas colegas estupendas que realmente se desviven día a día por captar la esencia de este fenómeno, he decidido compartir mi primer día cibelino con H.Kitty, Obregón, Norma y Charlotte cuatro de mis grandes amigas escondidas tras estos pseudónimos que me han ayudado a estructurar esta crónica de un estreno anunciado, y que sin duda le hacían la competencia a 6 tipos de la talla de David Delfín, Ana Locking, Javier Larrainzar, Ailanto, Kina Fernández  y Juanjo Oliva: cómo comprenderéis no me puedo quejar, ha sido un gran primer día.

A las 10.30 Ailanto nos trasladaba a un invierno frío y luminoso; los afortunados nos deslizábamos por una pista de ski helada en la que admirábamos a mujeres níveas en siluetas muy amplias escondidas tras superposiciones con volúmenes muy suaves pero con efecto.

Lo que más me gustó: sus maravillosos Jumpsuits, y el atrevimiento de ciertas licencias florales y notas de color que planteaban contrastes estupendos para un invierno no convencional.

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A las 12.00 David Delfín sorprendía con la contradicción de su Síndrome de Diógenes: A pesar de los montones de ropa que decoraban la pasarela: ni una sola nota de porquería. Pulcritud, diseños de rigurosas líneas arquitectónicas e impecables.

¿Lo mejor? ¿Recordáis esa escena de la película A single man en la que Colin Firth aparece acicalándose desde que se levanta de la cama hasta que sale de casa?: la camisa blanca impoluta, el traje le encaja a la perfección, el nudo exacto de la corbata negra; la forma en la que cuida cada detalle para que el aspecto sea inmejorable… Ese es el tratamiento, simplemente genial en los tonos neutros y atrevido en todo lo demás (que ya es decir para los tiempos en los que todo vale).

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Alrededor de la 13.30 Kina Fernández rendía homenaje al estilo lady con faldas de vuelo a la altura de la rodilla y protagonismo a los hombros femeninos.

Lo mejor: los vestidos hiperfemeninos,  el trabajo con las texturas, especialmente en la combinación de las capas con aire retro y militar con pantalones y botas mosqueteras de piel. Mención especial a los vestidos largos supervaporosos. 

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A eso de las 15.00 Ana locking impactaba en Cibeles con un invierno lleno de color: rojos vivos, amarillos brillantes y azules Klein, todos combinados con colores neutros en un juego de simetrías compuestas adornadas con joyas futuristas.

Lo mejor, los juegos de contrastes y las composiciones a base de estructuras en tonos beige y grises con aplicaciones de colores luminosos, una propuesta valiente, el sello de identidad de Locking. 

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A las 17.30  Juanjo Oliva inundaba la pasarela de tonos teja, tweeds, y el clásico B&W. Volúmenes sobre todo en la parte superior con inspiración en los años 30. Un detalle: la utilización del nudo en forma de lazo para definir volúmenes y siluetas. 

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En torno a las 18.30 Javier Larrainzar recurría a los clásicos cuadros y a originales estampados florales de inspiración oriental. Tejidos satinados y aplicaciones en piel en puños y cuellos. Lo mejor: el azul, en varias tonalidades lisas y en estampados.

 

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Y así terminó mi primera jornada cibelina. Cómo veis muchas primeras historias que contar, y espero y deseo que me queden muchas más.

P.D. Si tenéis la oportunidad de acudir al Cibelespacio o a disfrutar de algún desfile no la dejéis escapar, y si además podéis acudir acompañados os aseguro que la experiencia merecerá la pena.

Feb 21, 2011

Diciembre 2010

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Un siglo de musas e inspiración III

Analizamos las décadas de los 70 y los 80 junto a la joven diseñadora María Hernando; disfrutamos con el espíritu disco de fiebre del sábado noche así como de la cuna del punk más estridente.

La moda de los 70 fue una continuación de muchas tendencias que ya habían creado escuela en los 60, sin embargo, en esta década se declaró absoluta libertad para experimentar con estructuras, cortes y colores.

Como representantes de este estilo destacan de manera especial las actrices Kate Jackson, Jaclyn Smith y la inolvidable Farrah Fawcett que se convirtieron en auténticos iconos de la moda por sus papeles como agentes polifacéticas en Los Ángeles de Charlie, la célebre serie de los 70.

(1:08 min)

Por su parte, la ola hippie y la revolución flower power habían dejado huella sobre todo en las generaciones más jóvenes de finales de los 60, y estas premisas se acentuaron en los primeros 70 con los pantalones de campana, la pata de elefante, el pelo largo, la barba o las patillas que causaron furor sobre todo en la primera mitad de la década.

 Joan Baez 1975

Led Zeppelin (1970-1975)

 Diane Keaton (1970-1975)

 Desde mediados a finales de los 70 destaca la influencia de los diseños étnicos como las chaquetas Nehru, las túnicas y blusas orientales –caftanes, kimonos y jalabiyas – así como bisutería y complementos procedentes de culturas como la árabe, la hindú donde destacaban sus telas y estampados sobre todo en la confección de pañuelos, o la utilización de adornos inspirados en los abalorios que utilizaban las tribus africanas. Esta mezcla de estilos tuvo gran acogida entre las multitudes. El mundo comenzó a globalizarse a través de la moda.

También dentro de la esfera hippie circulaban los bolsos y bikinis de crochet, los ponchos sudamericanos y chalecos tibetanos o chinos combinados con faldas de estilo campesino.

Para los más fanáticos que quieran disfrutar de esta versión de los 70 en todo su esplendor y revivir aquel espíritu entre la psicodelia y el flower power, existe una fantástica película de Cameron Crowe que se encarga de recogerlo con una excelente banda sonora: Casi Famosos. 

(2:28 min)

También en los 70 el largo de la falda generó una de las controversias más polémicas de la década en el ámbito de la moda: la continuidad de la minifalda que tanto había triunfado entre las fans de los Beatles se veía amenazada por la falda a la rodilla también denominada falda midi. Grandes diseñadores como Yves Saint Laurent apostaban por hacer tendencia de este nuevo largo, aunque la invención de Mary Quant no fue ni mucho menos desterrada. Asimismo, las faldas se vieron en todo tipo de longitudes, desde minis hasta maxis. 

 

Brigitte Bardot (1970) & Yves Saint Laurent


Yves Saint Laurent

Cambiando de estilo, también en los 70 comenzó la era disco: las altísimas plataformas, la lycra y los colores vivos se proclaman los amos de las pistas de baile de las discotecas y club nocturnos.

(8:04 min)

En las chicas se popularizan los vestidos entallados y las prendas ajustadas y los hombres se decantan por los trajes de colores claros y el cuello “V”. La película Saturday Night Fever dirigida por John Badham en 1977 encarna perfectamente el estilo de la época. 

 

Las lentejuelas y los brillos eran los protagonistas en telas y tejidos, pero si algo caracterizó a los 70 fue la experimentación con todo tipo de materiales y colores: telas metálicas y los animal prints como el leopardo, tan de moda esta temporada.

Donna Summer & Boney M

  Bee Gees


A mediados de los 70 resurge el individualismo con tacón de aguja y pantalón de pitillo: nace el punk con la rúbrica anárquica, pesimista y desesperada del no future como movimiento minoritario que paradójicamente pasará a consolidarse como tendencia de masas con la llegada de los 80. 


La cultura punk se configura como una crítica a la rigidez del sistema que ocultaba formas de opresión social y cultural y su filosofía se caracteriza por conformar una auténtica lucha constante contra el miedo a las repercusiones sociales, sin ir más lejos, Johnny Rotten, cantante del grupo Sex Pistols, uno de los más representativos en la arena del punk junto a Ramones o New York Dolls, planteaba algo así como: “¿Por qué tiene que sonar bien? ¿Por qué tiene que ser bonito ¿Por qué no hacerlo? ¿POR QUÉ?”.

NY Dolls

Esta ambición transgresora en contra de la sociedad de consumo, la autoridad y los estigmas sociales se tradujeron en una ruptura con los convencionalismos estéticos acuciando lo políticamente incorrecto.

The Runaways

Deborah Harry

 En esta primera ola del punk podemos encontrar desde vaqueros ajustados y rotos, zapatillas gastadas, cazadoras de cuero y gafas oscuras, en las que se basaban bandas como Dictators o los Ramones hasta la incursión del lema “hazlo tu mismo” que surgió con la intervención en el panorama punk de Vivienne Westwood.

The Ramones  The Clash

 La gran diseñadora punk, esposa de Malcom McLaren –productor musical y manager de Sex Pistols– y dueña de la tienda de ropa SEX, participó de manera fascinante en la evolución de la estética punk con la irrupción de más colores y el uso de elementos como tachuelas, cadenas e imperdibles hasta accesorios sadomasoquistas para sostener las prendas.

(3:51 min)

Malcom McLaren & Vivienne Westwood


Finalmente, como muestra de ese mismo individualismo en el ámbito de la peluquería y el maquillaje cabe destacar la utilización de tintes de colores llamativos así como los peinados característicos de la que se había denominado antimoda o contramoda punk: las cresta, cabezas rapadas al cero y demás cortes de pelo radicales también se cargaban de simbolismo.

 

Volviendo a una faceta más convencional de los últimos 70 y principios de los 80, debemos incidir en que frente al estilo desenfadado y la absoluta libertad para crear tendencias de los 70, los 80 supusieron el regreso a la alta costura, y el sentido elitista de la moda con el que se intentó retomar aquel glamour que parecía haberse desintegrado. Diseñadores como Christian Lacroix, catedrático de la alta costura, o Jean Paul Gaultier se convierten en los referentes absolutos de la moda de la época.

Aunque a finales de los 80 empiezan a forjarse el culto a las top models o supermodelos, fue la versátil Madonna la mejor embajadora de los originales diseños de Gaultier. Resultan inolvidables aquellos corsets y sostenes con formas de cono que lucía la diva del pop, así como la incursión de la falda y el kilt que abanderó el diseñador francés como prenda fetiche del armario masculino.


Los 80 también fueron los que consolidaron el éxito de los ahora clásicos: Calvin Klein, Giorgio Armani y Ralph Lauren definieron un estilo cuyas directrices aún se mantienen vivas.

Por otro lado, con la invasión de las supermodelos, aquellas mujeres de cuerpos esculturales y rostros perfectos que arrasaban en los medios de comunicación y las campañas publicitarias, también llega el máximo apogeo de los salones de belleza que se coparon de señoritas reclamando melenas rubias y cardados infinitos.

Serie Dinastías

Como no podía ser de otra forma, también llega el boom de las dietas y los gimnasios para poder mantener la silueta y hacerse con un cuerpo 10, lo que provocará la sofisticación de la ropa deportiva y con ella la llegada de los tan polifacéticos leggings indispensables en cualquier armario actual que se precie, y de los calentadores, que a pesar de haber permanecido denostados los últimos años este invierno amenazan con volver en su versión mas chic sobre botas y jeans. 



Otro de los símbolos por excelencia de esta temporada que también vivió su momento cumbre en los 80 son las hombreras, que se confeccionaron como el signo distintivo de vestidos y chaquetas con la misma intensidad con la que han regresado hoy.

Balmain

Dolce & Gabbana

Dolce & Gabbana

Balmain

Precisamente para analizar la influencia de las tendencias de estas dos décadas sobre los must have de esta temporada, esta semana tenemos la suerte de compartir impresiones con la joven diseñadora María Hernando que en los últimos meses ha estado estudiando en ciudades como Budapest o Londres en la que se encuentra actualmente:


- María ¿Cree que según se encuentra el panorama de la moda en España, pueden llegar lejos los nuevos diseñadores y triunfar en el panorama internacional o resulta indispensable viajar y trabajar fuera para conseguir buenas oportunidades? 

La verdad es que en España es bastante difícil darse a conocer, aunque en Madrid por ejemplo se está dando cada vez más la oportunidad a los nuevos diseñadores a través de concursos como el de El Ego de Cibeles que se realiza en la semana internacional de la moda de Madrid.

Aun así, considero que viajar y trabajar fuera es imprescindible; vivir nuevas experiencias, relacionarte con otras culturas y conocer el mundo del diseño desde otros puntos de vista diferentes te hace abrir tu mente y ser mucho más creativo a la hora de diseñar.

- ¿Qué ciudades encuentra más interesantes para inspirarse y en cuáles cree que se siguen más las tendencias? 

Ahora mismo estoy viviendo en Londres y desde luego no había visto una ciudad en la que se sigan más las tendencias que en esta. Pasear por las calles es como estar viendo los mejores desfiles de moda durante las 24 horas del día. Pero Paris, Milán y NY también son las grandes capitales de la moda en las que las tendencias están a pie de calle.

Personalmente, me quedo con Nueva York y Tokio, son dos de mis ciudades favoritas para encontrar inspiración; la mezcla entre las formas geométricas de la arquitectura neoyorquina, y las técnicas tan sofisticadas de los japoneses a la hora de plegar el papel para hacer figuras inimaginables de origami, son dos temas que me fascinan y en los que encuentro miles de ideas para crear mis colecciones.

- Hemos analizado varías décadas de la historia de la moda en esta sección, aún nos queda comentar la parte más reciente, particularmente, ¿Usted tiene predilección por alguna década en especial, o ha utilizado alguna para inspirarse?

Tengo predilección por los años 20 y 30, dos décadas en las que Paris era sin duda la capital de la moda. Coco Chanel y Cristobal Balenciaga son dos de mis diseñadores favoritos de esta época. Balenciaga me ha servido de inspiración en varias ocasiones ya que los patrones de sus prendas me recuerdan mucho a las formas de los kimonos japoneses y como he dicho antes la cultura japonesa suele estar siempre presente en mis colecciones. 


  Colección 2008 by Maria Hernando

- Teniendo en cuenta la acogida que ha tenido por parte del público el interés por lo vintage y la ropa de segunda mano ¿debemos conservar todo en el armario? ¿Las modas siempre vuelven? 

Yo creo que sí, las modas siempre vuelven, con cambios pero vuelven. 
A mí personalmente me encanta la ropa de segunda mano, te da ese toque de personalidad que en una tienda normal es muy difícil conseguir.

Sobre lo de conservar todo en el armario he de confesar que a mí me cuesta muchísimo deshacerme de ropa antigua, aunque lleve años sin usarla, pero en cierto modo, también resulta complicado guardarlo todo. Lo mejor es conservar las prendas que para ti han sido especiales como abrigos, vestidos y todos los complementos. En mi opinión los complementos son los que te hacen diferente al resto, puedes ir vestida con básicos y dar ese toque distinto con unos buenos complementos, y si son vintage aun mejor.

- ¿Con que diseñadores o firmas le hubiera gustado trabajar en las décadas que analizamos esta semana (años 70 y 80)? ¿Y en la actualidad?

Actualmente me encantaría poder trabajar con Karl Lagerfeld creo que es un artista del diseño. Me encantan sus colecciones para Chanel y los espectáculos que crea en cada uno de sus desfiles.

En los años 70 me hubiera gustado trabajar con Yves Saint-Laurent, me encanta su idea de encontrar para la mujer el equivalente del traje del hombre.

 

Colección 2009 by Maria Hernando

- Si tuviera que recomendar alguna prenda o complemento imprescindible para esta temporada ¿Cuáles serían? 

El bolso es una prenda imprescindible en cualquier temporada, siempre hay que tener un buen bolso en el armario, como he dicho antes un buen complemento te puede salvar el vestuario. Y sin duda unas botas estilo militar se llevan muchísimo esta temporada.

- ¿Qué proyectos tiene ahora mismo en mente para su carrera profesional?

Ahora mismo estoy en Londres estudiando en Central Saint Martins y trabajando en una empresa de diseño de moda. En cuanto termine vuelvo a España, tengo en mente presentarme a varios concursos entre ellos presentar una colección para El Ego de Madrid Fashion Week y trabajar alguna temporada con un diseñador español, pero no quiero dejar de viajar por lo que mi próximo destino es NY me encantaría estudiar un master allí. 

Le agradecemos sinceramente su tiempo y su colaboración y esperamos que tenga todo el éxito de cara a sus proyectos profesionales.

La semana que viene analizaremos las tendencias de la década de los 90 y la historia reciente de la moda con la llegada del siglo XXI.



Dec 4, 2010

Noviembre 2010

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Un siglo de musas e inspiración II

Continuamos con nuestra labor de la semana pasada, hoy nos volcamos en el regreso del glamour en los 50, el rock y la psicodelia de los 60. Nos trasladamos más allá de lo vintage: para recordar a las mejores embajadoras de la moda y rendirlas homenaje.


A diferencia de lo que había acontecido en las décadas precedentes, en las que la depresión y la Segunda Guerra Mundial obligaron a la parquedad y el racionamiento, la generación de lo que fue la gran depresión (años 30 y 40) experimentó un fenómeno sin precedentes en la década de los 50.

En el ámbito político, la URSS, se vio transformada en el enemigo de occidente y el mundo entero fue espectador de como se creaba la inmensa fractura geopolítica que se conoció como Guerra Fría: la mayor brecha ideológica que ha tenido lugar durante el siglo XX (desde 1945 con el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el fin de la URSS y la caída del comunismo).

El enfrentamiento político, económico, tecnológico, militar e informativo consolidó dos grandes bloques en los que se dividió el mundo: el occidental-capitalista, liderado por los Estados Unidos, y el oriental-comunista, con la Unión Soviética a la cabeza.

Al mismo tiempo, en el viejo continente se asentaban las bases de la integración europea y se conformaban los pilares fundamentales sobre los que hoy se sostiene la Unión Europea con la que fue una auténtica declaración de intenciones: la declaración Schuman.

Asimismo, los años 50 en los Estados Unidos supusieron el regreso del optimismo económico y el nacimiento de la sociedad de consumo tal y como la conocemos hoy; la era de la publicidad, la comunicación, el nacimiento del Rock & Roll, los electrodomésticos, el hula-hoop… Con los 50 regresó el esplendor y la moda vivió la que podríamos denominar la década dorada del siglo.



El new look de Christian Dior, que había sorprendido a finales de los 40, se expande y contrasta con aquellas formas austeras y simples que precedían las décadas anteriores y se configura como un símbolo genuino de entusiasmo y prosperidad. Pierre Cardin, Balenciaga y Givenchy también se consolidan como grandes competidores.


El estilo se estructura en colecciones con hombros anchos, sujetadores armados, cinturas estrechas y ajustadas, faldas de mucho volumen siempre por debajo de las rodillas; una silueta muy femenina de sensuales curvas que promocionaron las estrellas de la época sobre la alfombra roja.




Nos encontramos ante el nacimiento de la vida social; de las incontestables celebrities, del culto a la belleza, de lo hollywoodiense, en definitiva del verdadero glamour: el original.

En esta década, el pódium de mujeres elegantes es el más concurrido de todos los tiempos, actrices como Marilyn Monroe, Lauren Bacall, Brigitte Bardot o Ava Gardner son auténticos referentes en lo que alfombra roja y flashes se refiere. De hecho a pesar de muchos intentos por parte de las divas actuales por recuperar aquel estilo radiante de la época dorada de Hollywood y ese magnetismo tan especial de estas mujeres, el amago nunca ha terminado de cuajar desluciendo toda la parafernalia coyuntural que hoy en día rodea a las protagonistas de la gran pantalla.   


Casi cinematográficas son las escenas que nos quedan de las vidas reales de otras dos mujeres de la época que marcaron tendencia: Jackie Kennedy esposa del presidente John F. Kennedy de 1953 a 1963, y Grace Kelly, gran actriz estadounidense quien al contraer matrimonio con el PríncipeRaniero III de Mónaco, se convirtió en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco a cuyo embarazo se atribuye la creación del bolso Kelly de Hermès. Dos mujeres relacionadas con el poder en su máxima expresión, que se convirtieron en iconos absolutos del estilo de la década. 


Con la llegada de los 60, dejamos el lujo y el glamour más clásico atrás y nos embarcamos en la auténtica revolución. Los sesenta llegan cargados de espíritu, diversión y juventud que trajeron consigo una ambición creativa fabulosa que generó en muchos diseñadores el deseo de experimentar, innovar y transgredir mediante el fenómeno de la moda.

Gran Bretaña desbancó a las grandes casas clásicas de la moda (Italia y Francia) y se situó en el epicentro del panorama cultural. El rock británico de los Beatles, Kinks, Hollies, Animals y Rolling Stones se constituyó como la banda sonora de la década; la invasión británica embriagó a las masas llevando el fenómeno fan a sus cotas más altas. 


La cultura pop impregnó todo el panorama sesentero de extravagancia y la psicoledia. Se empezó a investigar con materiales como el plástico y el uso de estampados llamativos. 


Las gafas de sol y los cinturones se volvieron indispensables y aumentaron su tamaño de forma ilimitada para las más atrevidas. Sin embargo, el gran éxito de la década llegó de la mano de Mary Quant: la minifalda. 

Sorprendentemente, el Mod look  -la antitésis de la chica mona de los 60- también triunfó en la década psicodélica. El movimiento Mod, basado en la moda y música que se desarrolló en Londres a finales de la década de 1950 alcanzó su máximo apogeo durante la primera mitad de la década de1960. Las chicas mod no llevaban minifalda ni largos postizos en el pelo, y tampoco sucumbían a los estereotipos del flower power característico de la segunda mitad de la época; se enmarcaban los ojos con eyeliner hasta la exageración y merodeaban entre el pop art, el cine de la nouvelle vague y la filosofía existencialista.

En los 60 también desaparecen aquellas mujeres voluptuosas y femeninas que se ajustaban las faldas a la cintura para definir sus sensuales curvas. Destaca el estilo y la extrema delgadez de mujeres como la magnífica actriz Audrey Hepburn.


La musa del padre del pop art Edie Sedgwick y la cantante británica Twiggy, son otras de las afortunadas que se convirtieron en iconos de la década. No obstante algunas pagaron un precio demasiado alto. Es el caso de Sedgwick que, fruto de su tormentosa relación con Warhol y el mundo underground que se encontraba tras La Fábrica, acabó enganchada a las drogas y desterrada del panorama social tal y como narra la fantástica Factory Girl de George Hickenlooper. 


Finalmente, en la segunda mitad de la década se consolida el movimiento hippie; un movimiento contracultural en el que sus adeptos promulgaban la paz y el amor libre y defendían a ultranza la revolución sexual. El origen de la denominada revolución flower power se encuentra en acciones llevadas a cabo por adolescentes que consistían en regalar flores a policías y ponerlas dentro de armas y revólveres como señal de paz en contra de la guerra.

Los hippies son los abanderados del estilo individual y del reciclaje en moda, con estampados psicolédicos (imágenes relacionadas con los efectos de drogas y alucinógenos) y pantalones de campana, chicos y chicas escuchaban rock psicodélico y folk contestatario.

 




La semana que viene analizaremos las década de los 70 y los 80. 

Nov 29, 20101 note
Un siglo de musas e inspiración I.

Nos trasladamos más allá de lo vintage: retrocedemos 100 años para recordar a las mejores embajadoras de la moda desde 1900 hasta nuestros días y rendirlas homenaje en las próximas tres entregas de esta sección.

La moda es arte, y como cualquier obra exquisita; como cualquier manifestación creativa e original que se precie, comporta una parte meramente estética que sólo produce admiración cuando se siente el placer que uno experimenta al sorprenderse descubriendo el fondo mientras contempla la superficie. Un placer tan intenso como fugaz, que sólo se disfruta si uno logra emocionarse visualizando lo que acaba por arruinarse y desvirtuarse a medida que pasa el tiempo, pues como quien dice, los que la seguimos de cerca rendimos culto a lo efímero. 

Esto precisamente es lo que nos fascina a algunos y desconcierta a otros que se confiesan incapaces de comprender como los fanáticos pueden sobrecogerse con algo tan voluble, frívolo y trivial. Oscar Wilde condenaba a los detractores: “los que encuentran un significado feo en cosas bellas están corrompidos sin ser seductores. Es un defecto. Los que encuentran un significado bello en las cosas bellas son los cultivados. Para éstos hay esperanza. Aquellos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza son los elegidos”.  

Por otro lado, son reiteradas las ocasiones en las que en esta sección se ha defendido con uñas y dientes que la moda además de poseer un componente artístico y estético importante, no deja de ser un medio a través del cual nos comunicamos, experimentamos y provocamos reacciones en el resto, pues, en definitiva, nos brinda una gran oportunidad para proyectar lo mejor de nosotros mismos. Así es como interactua con el entorno y con los que nos rodean.

Si somos capaces de fundir las dos perspectivas descritas, la estética y la comunicativa, el resultado es un modelo de representación dual en el que la moda se estructura como medio de comunicación con un contenido cargado de significados y connotaciones, y una membrana que exterioriza ese material de una forma más o menos idónea y atractiva ¿Que qué es más importante, el regalo o el envoltorio? juzguen ustedes mismos. 

Pueden optar por convertirse en un purista del esteticismo como Wilde y transformarse en un defensor del “arte por el arte”, o por el contrario, adjudicarle a este fenómeno una trascendencia desmesurada en su faceta mass-media como hace la mismísima Anna Wintour describiendo la moda como un paradigma en el que absolutamente todo lo que parece, es y viceversa. 

Según argumenta la editora londinense de la revista Vogue, el éxito personal y profesional depende sólo de nuestra propia marketing strategy en un doble sentido, somos los responsables absolutos de nuestra proyección y a su vez actuamos como los críticos más insaciables y con menos escrúpulos respecto del potencial del resto. De esta forma, la moda se convierte en redentor e inquisidor –esta última faceta se ve muy bien reflejada en la película El Diablo se viste de Prada de David Frankel– nos tiende la mano, o fulmina nuestras expectativas.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es que la moda se basa en la representación, y desarrollando esa función, a lo largo de la historia, han sido muchas las mujeres que han marcado tendencia y han conseguido transmitir al público cual era la moraleja del cuento. Todas ellas: actrices, cantantes o políticas, se han convertido en iconos para muchas otras mujeres por una razón carismática: tenían algo que ofrecer. Son las ambiciones de estas mujeres y el espíritu de las mismas lo que intenta desprender este reportaje. Así que empezaremos por el principio.

En torno a la primera década del siglo XX debemos destacar a la que aún hoy ostenta el primer puesto en el pódium de las deidades femeninas del mundo del espionaje y las conspiraciones: Margaretha Geertruida Zelle conocida popularmente como Mata Hari, fue una famosa bailarina exótica y striper condenada a muerte y ejecutada durante la Primera Guerra Mundial. Cuenta la leyenda que sus encantos eran tales que el pelotón de fusilamiento que la asesinó el 15 de octubre de 1917 tuvo que ser vendado para no sucumbir a sus encantos y que ella les lanzó un beso antes de que le impactara el primer disparo. 

No se sabe con certeza si la que se hizo pasar durante largas temporadas en Paris como Princesa de Java, gozaba de una imaginación infinita para inventarse su propia vida o se permitía confundirla con la que deseaba vivir -dicen las malas lenguas que padecía algo así como el Síndrome de Clerambault- pero en cualquier caso siempre permaneció dispuesta a todo para poder seguir viviendo en el más absoluto de los lujos; la propia cortesana resumió su vida e idiosincrasia con una frase muy almodovariana que se le atribuye a la bailarina durante lo que fue su propio juicio: “¿Una ramera?, ¡Sí!, pero una traidora, ¡Jamás!”.

Dejamos atrás a esta leyenda de principios de siglo para avanzar en el tiempo. Nos trasladamos a la década de la ostentación, disfrutamos del mejor Jazz y el Charleston rodeados de flappers, así se denominaban a las jóvenes protagonistas de los felices años 20 que escandalizando a padres y abuelos con vestidos de flecos y exuberantes movimientos de cadera, se atrevían con las faldas cortas, escondidas tras toneladas de maquillaje y renegaban del corset.

Las chicas llevaban el pelo corto, se destapaban y comenzaban a beber y fumar en público desafiando las normas sociales  de principios de siglo que resultaban indispensables para distinguir a lo que anteriormente se entendía como una señorita. Entre las más destacadas se encontraban Louise Brooks, una de las caras más famosas del cine mudo y Josephine Baker.


Baker, era la vedette del Folies Bergère y una consolidada pin-up; se convirtió en la estrella del club francés y se transformó en la imagen viva de la sensualidad y el erotismo de la que fue su década. Trangresora y desinhibida –llegó a salir al escenario ataviada exclusivamente con una falda hecha de plátanos– encarna perfectamente aquel espíritu de los años locos.

Sin embargo, posteriormente, en los 60 Josephine adoptó a doce niños huérfanos de diversos orígenes configurando lo que la artista denominó la tribu del arco iris y se comprometió de manera muy activa con el movimiento norteamericano por los derechos civiles.

La llegada de los 30 trajo consigo la crisis económica mundial y la propagación de los fascismos que intoxicaron Europa. Del entusiasmo y la ostentación de los años 20 se pasó a la sobriedad y austeridad características de una sociedad azotada por una crisis mundial. La moda pasó a considerarse un verdadero lujo para unos cuantos privilegiados y asimismo la industria debió adaptarse al estilo de vida y los bolsillos de los ciudadanos.

 El prototipo sofisticado y glam de la flapper desapareció; por un lado, la mujer regresaba al estilo más tradicional y femenino: el cabello de las jóvenes volvía a ser largo y el corte de vestidos y faldas cayó hasta los tobillos. Katharine Hepburn y Ginger Rogers fueron las principales seguidoras de estas tendencias.

No hay cabida para la transgresión y la innovación que tuvo lugar en los años 20 sino para los trajes de chaqueta y la ropa práctica y utilitaria pues la mujer luchaba por hacerse un hueco en el mundo laboral. En este sentido, fueron las actrices Marlene Dietrich y Greta Garbo las más osadas, marcando tendencia con lo que hoy se conoce como boyfriend look: la incorporación de prendas clásicas de los armarios masculinos a la indumentaria femenina.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la moda volvió a reflejar la crisis con la consecuente falta de creatividad y entusiasmo: tejidos de baja calidad; mujeres enfundadas en trajes de chaqueta planos y simples… prácticamente uniformadas. A su vez se popularizaron las prendas con doble uso para sacarles el mayor rendimiento posible; mediante la utilización de complementos y accesorios se utilizaban prendas tanto para el trabajo como para eventos nocturnos.

Sin embargo, la gran pantalla ofrecía un universo alejado de esta realidad en el que destacaba como icono de la época la irónica Veronica Lake, prolífica actriz estadounidense de cine negro que se consagró gracias al aplauso de público y el beneplácito de la crítica durante los años 40.

Otra de las mujeres que se proclamó un símbolo en la misma década fue María Eva Duarte de Perón bautizada por los ciudadanos argentinos como Evita. La vida de esta actriz dio un giro radical cuando se convirtió en primera dama de Argentina ocupando un lugar muy especial dentro de la política de su país y en los corazones de los argentinos por la enorme popularidad que adquirió a través de sus discursos llanos y su compromiso con el pueblo. Como primera dama, promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer, entre ellos el sufragio femenino, y realizó una amplia obra social.


Sin embargo, el puesto de honor de esta década lo debe ocupar la magnífica Rita Hayworth que cautivó al público con su papel de Gilda en la película que lleva el mismo nombre por título rodada en 1946. En ella, la actriz famosa por su melena pelirroja demostró desenvolverse como pez en el agua en la piel de una femme fatale, y la famosa escena en la que se quita el guante se ha convertido con el paso del tiempo en una de las más populares de la historia del cine.

Este es el broche final perfecto para cerrar esta primera entrega de iconos de la moda que continuará la semana que viene con el análisis de las divas de los años 50, 60 y 70. 

Nov 18, 2010
El tándem perfecto.

Radiografiamos las últimas colaboraciones de grandes firmas, diseñadores y celebrities para las compañías low-cost con más aceptación en la calle.


Desde la semana pasada todos los periódicos, revistas especializadas en moda como TrendingMag y magazines televisivos se han encargado de acribillarnos a base de glamurosa y postmoderna promoción con la intención de anunciar a bombo y platillo la que parece ser la colaboración de la temporada: Lanvin cede parte de su colección a H&M para permitir que todos los admiradores de la casa de moda más antigua de Francia – data nada más y nada menos que desde 1909- puedan lucir sus fantásticos diseños.  Sin embargo, Alber Elbaz, director creativo de la firma insiste en que no se trata de un proyecto low-cost, sino de lujo.




Nadie puede cuestionar la mejor de las intenciones de la casa Lanvin para consentir a los mileuristas más fanáticos de la moda enfundarse en uno de sus trajes de corte impecable y estampados maravillosos – solo hay que echarle un vistazo a su colección de este año – tampoco debemos desconfiar de los buenos propósitos de antiguas colaboraciones como la del abanderado del animal print y célebre diseñador italiano Roberto Cavalli con su gancho “I am the party” o el zapatero de las estrellas Jimmy Choo que también compartió proyecto con la encomiable H&M que a modo de buen samaritano o no, ha acercado a una lista eterna de grandes diseñadores como Stella McCartney o Matthew Williamson a las calles y a otros no tan grandes también. Todos ellos promocionados con excelentes campañas de publicidad por cierto.

Si leemos entre las líneas de otras colaboraciones de dudosa índole profesional, enmascaradas tras grandes propósitos como el de tender la alfombra roja bajo los pies de cualquier transeúnte y convertirlo en celebrity a precio de saldo, lo cierto es que uno se plantea si detrás del decorado se encuentra la verdadera motivación burda y antigua de vender: simplemente vender.

Prueba de esta perspectiva retorcida y aguafiestas son los fracasos estrepitosos en claves estrictas de estilo y savoir-faire de otras colaboraciones que nada tienen que ver con la propagación de la creatividad y el glamour de grandes diseñadores sino con los beneficios económicos de la industria.

Lamento subirles las persianas y tirar de la manta, pero como no podría ser de otra forma, la moda además de un arte es un negocio, y algunos optan por el “todo vale”, así que si para aumentar mis ganancias tengo que hacer maestra de la couture a Madonna o a Lindsay Lohan a pesar de que la primera solamente sea capaz de apostar por el chandalling como modelito más sofisticado para las noches de etiqueta y la segunda sólo tenga la asombrosa capacidad de tirar al traste el prestigio de un imperio como Ungaro: no sucede absolutamente nada, pues contra todo sentido de la estética, la primera agota existencias en H&M y la segunda a pesar del “Desastre” –en palabras del propio Emanuel Ungaro– generó miles de portadas e infinita publicidad, lo que en ambos casos se traduce en ingentes ingresos.


 

En España tenemos a nuestras propias estrellas recicladas en diseñadoras de pacotilla: Las Cruz para Mango, y en Reino Unido un intrusismo más justificado lo ejecuta Kate Moss para Topshop – a esta última no la metemos en el mismo saco, resulta evidente que a base de pisar pasarela y pasearse por los mejores talleres del mundo, a la top model se le ha pegado todo, hasta la hermosura, pues lleva más de 10 colecciones con la firma inglesa y lo cierto es que no lo hace nada mal.

Por otro lado, otros de los grandes perjudicados con esta política de “cualquier colaboración es buena” son los diseñadores que se están intentando hacer un hueco en el mundo de la moda, se encuentran justo debajo de los consumidores entusiastas e ingenuos. Si las firmas vuelcan los presupuestos destinados a invertir en nuevos profesionales en celebrities trilladas pero que funcionan como reclamo, el riesgo de perder en talento e innovación están asegurados.

En definitiva, estoy de acuerdo en promocionar esta nueva estrategia de acercar el lujo y las tendencias más chic a la muchedumbre, incluso con la consecuente pérdida de exclusividad y originalidad que conlleva, pues sin duda a este paso todas las veinteañeras acabemos vestidas de Dior para Zara y Chanel para qué sé yo… Decathlon, Carrefour, puesto que a groso modo las ventajas superan con creces los inconvenientes.

Sin embargo, no dejen que les den gato por liebre; si prefiere quedarse con la idea de que la moda es una industria como otra cualquiera en la que prima hacer negocio y los ingresos, actúe como un consumidor con criterio y no permita que le vendan un chándal de poliéster con lentejuelas firmado por Madonna o unos vaqueros desgastados a precio de oro porque los ha roto y deshilachado la mismísima Penélope Cruz.

A mí, particularmente, me van a perdonar que me desdiga con un cinismo atroz de todas las anteriores intervenciones anticapitalistas y defensoras del consumidor, sinceramente, estoy contando las horas para volver a mi H&M preferido a buscar un vestido color mostaza que he fichado, así que creo que seguiré dejando que me engañen indefinidamente, que le vamos a hacer, al final a uno le puede la ilusión.    

Nov 7, 20101 note

Octubre 2010

2 publicaciones nuevas

¿Serías capaz de identificar a quien corresponde cada prenda?

La integración de prendas masculinas y femeninas en un mismo look es uno de los hits de la temporada, analizamos la tendencia del boyfriend look en ellas y la feminización de unos rasgos masculinos cada vez menos clásicos en ellos. 

Esta semana, el diario “El País” en su edición digital publicaba un reportaje muy interesante acerca de la modernidad, planteando la contramodernidad como movimiento en apogeo y su enemigo predecesor como un modelo estético pasado de moda, otro juguete roto de la cultura de lo efímero.

Personalmente, una de las características que siempre me ha fascinado del fenómeno de la moda es precisamente la intensidad y fugacidad de sus éxitos y fracasos. Coco Chanel decía: “Todo lo que es moda pasa de moda”. Sin embargo, lo que más me llamó la atención del reportaje fue una imagen que acompañaba ingeniosamente al texto, unos recortables que sinceramente no sabría bien a quién colocar según que complemento o que prenda tuviera que combinar; estas dudas inspiran perfectamente la esencia de este reportaje: ¿Es la ambigüedad una baza permanente para ser moderno? ¿Vuelve lo unisex? ¿Nos dedicaremos a hurgar en los armarios de padres, hermanos y novios el resto de la temporada?    

Son muchos los diseñadores que esta temporada han apostado por el estilo masculino y la estructuración de una imagen poderosa y profesional de la mujer encajada en el puzle perfecto de zapatos oxford, pantalón de pinzas, blazer, chaleco e incluso corbata en su vertiente más formal, y también son muchas las que se han apuntado a confundirse en vaqueros baggy y camisetas amplias y sencillas en su versión más casual.


En su primera modalidad aquella Diane Keaton de finales de los 60 es el perfecto ejemplo de cómo crear un estilo femenino y muy estructurado partiendo de prendas clásicas de cualquier armario masculino que se precie – si queréis encontrar una referencia de este estilo en su máxima expresión es muy recomendable sentarse a ver Annie Hall la aclamada película de Woody Allen cuya protagonista se convierte en una abanderada de lo que actualmente se ha denominado el boyfriend look –.


De la misma forma, son numerosas las celebrities que se han sumado a este estilo a lo largo de la historia; hay referencias muy claras que marcaron tendencia en los años 30 y 40 en Hollywood, actrices como Katharine Hepburn, Marlene Dietrich o Greta Garbo definieron a través de la elegancia masculina una nueva filosofía en torno a los estereotipos de la época de lo que era una mujer sexy, revolucionando desde la perspectiva de la estética los cánones de belleza, pero no sólo eso, pues el hecho de que ellas promocionaran el uso de los pantalones ayudó a que esta prenda fueran más aceptada dentro y fuera de los armarios femeninos.  


Puede resultar frívolo, y particularmente, soy carne de cañón para los estereotipos y las etiquetas, pero estoy dispuesta a que me tachen de superficial si a alguno de ustedes la primera imagen que les viene a la cabeza cuando les hablo del feminismo es una mujer con tacones, minifalda y harta de carmín… así es como la moda se manifiesta en las transformaciones sociales, a través de la proyección; de la estética, y aunque a algunos les pese, en ocasiones, este paradigma de lo circunstancial, se involucra en estos cambios sociales incluso antes de que se percaten otras esferas que debieran reaccionar con mayor empeño y velocidad.


La dualidad y la androginia han sido siempre parte de la inspiración de la moda y su evolución; diseñadores como David Delfín a nivel nacional o Calvin Klein en el ámbito más internacional han subido a la pasarela a mujeres poderosas, con una seguridad en sí mismas aplastante, ambiciosas por qué no decirlo, y sin embargo con una silueta esbelta, mujeres poco o nada voluptuosas, sin esas curvas tan insistentemente catalogadas como femeninas que paradójicamente, no han restado ni un ápice de feminidad a sus proyecciones.


Son los proyectos de estos diseñadores innovadores, lo que nos lleva a reflexionar acerca de lo que planteábamos la semana pasada en el artículo anterior, la idea de cómo el fenómeno de la moda se transforma en motor y exorcista de ciertas ideas transgresoras y conciencias más visionarias que se encuentran latentes en la sociedad y que gracias a la estética salen a la luz difundiendo esos mensajes. En la actualidad, son la innovación y la creatividad los mejores aliados para conseguir el éxito en cualquier ámbito artístico pero sobre todo en la moda; sólo a través de ellas nuestras ideas impactan y son capaces de llegar a las calles, sólo así nos consolidamos como medio de expresión e incluso a veces de rebeldía frente a lo que sucede a nuestro alrededor.

Por estas razones, no me parece retorcido sugerir que esto del intercambio de las prendas, además de ser el colmo de la utilidad y el aprovechamiento en estos tiempos de crisis (tendremos el doble de fondo de armario) tiene un backstage repleto de historia nada anecdótica.

La semana pasada nuestra compañera Isabel Gracia en su sección “Creadores” realizaba una entrevista al joven diseñador Jonathan Pulachet en el que resultaban muy interesantes las ideas que este definía acerca del modelo de hombre que actualmente defienden muchas campañas publicitarias de firmas distintas como Gucci, un prototipo masculino más lánguido, más delgado que corpulento, más frágil que viril, personalmente entiendo que esta feminización forma parte de la malinterpretación de la tendencia y coincido con el creador de la firma Rolums.


  

En definitiva, el fenómeno unisex no resulta innovador si lo entendemos en los mismos términos que a principios de los 90, no se trata de unificar ni uniformar a hombres y mujeres con las misma estética, los mismos cortes ni las mismas prendas; el “coge del armario de tu novio lo que pilles” de esta temporada toma forma en aquella idea de lo unisex pero en un sentido impropio, el fenómeno boyfriend del 2010 aboga por un sentido remasterizado de buscar la feminidad en lo que aparentemente resulta masculino y viceversa, es una nueva perspectiva que sin duda abre un abanico inmenso de nuevas tendencias y nuevos usos en moda, así que no lo duden: disfruten.

 

Oct 31, 20102 notes
In the beggining

¿Qué es la moda? ¿Por qué debemos seguirla? ¿Quién la impone? En este espacio probaremos suerte con la finalidad de dar respuesta a estas preguntas a base de flashbacks y concienzuda investigación retrospectiva pero siempre con la mirada puesta en el futuro y la actualidad de las pasarelas. 

Nos alojaremos en un verdadero backstage para tratar de descifrar los códigos mediante los cuales la moda escribe su historia y, a su vez, intentaremos explicar cómo a través de mecanismos que a menudo pasan desapercibidos, particularidades como nuestra imagen y lo que proyectamos a través de ella influyen en muchas esferas relacionadas con el éxito o el fracaso personal y profesional; esferas de las que, en principio, podríamos entender que la moda se encuentra del todo desconectada.

Son muchos los modos, discursos, iconos y personajes, que transformándose en tendencia han conseguido llegar a las calles, lograr que otros se identifiquen con sus ideas, con su contenido… creando símbolos o mensajes que se expanden y evolucionan junto a sus seguidores desarrollándose en el tiempo y consolidando un significado. Esta tarea de crear adeptos resulta más complicada de lo que en un principio puede parecer, pero de lo que no hay duda es de su efectividad: una vez generado ese vínculo no hay marcha atrás. 

Nos encontramos ante una de las relaciones más duraderas y reconfortantes que existen, uno se encierra en un círculo de intereses e inquietudes por lo que sucede en el mundo, por la belleza, por la música, el arte y un larguísimo etcétera.

Para la reportera de esta sección esto es la moda; una elección o más bien un mecanismo regulador de elecciones y decisiones que nos definen como individuos dentro de la colectividad; una técnica a través de la que nos expresamos, nos comunicamos, interactuamos, transgredimos y sobre todo, una baza para mostrar nuestra mejor cara.

Con todo esto, os invito a descifrar los entresijos de este paradigma de lo efímero y lo trascendente a través de esta máquina del tiempo. 3…2…1… ¡Acción!  

Oct 25, 2010
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