¡Nueva sección! Abecedario de moda. Hoy, con la A de Avedon: 60 años de historia.

Estrenamos sección: ABCdario de moda que comienza con la “A” de Avedon… nada más que decir, pónganse cómodos, mantengan los ojos bien abiertos y disfruten. No es necesario que lean.
All photographs are accurate. None of them is the truth - Richard Avedon -
Hay días en los que pienso que todo está escrito ¿no les pasa? me torturo pensando que no tenemos margen de maniobra, que los que esperamos ansiosos a que las divinas musas nos impulsen a crear algo nuevo y maravilloso que nos otorgue la admiración del resto y esa satisfacción tan carnal que nos producen las miradas envidiosas de los que nos rodean cuando hemos acertado, estamos abocados al fracaso. Soberbia, me dirán ustedes, cierto, posiblemente sea el pecado capital más placentero después de la lujuria, ese orgullo del egolatra ensimismado con su propio talento, o quizá con la ausencia del mismo. Dicen que quién no tiene humildad es como si no tuviera el don con el que proclama haber sido bendecido, yo si me lo permiten creo que la humildad está sobrevalorada, como decía mi amigo Luis en la facultad: de la vergüenza no se come.
El reconocimiento quizá sea el bien más preciado de cualquier artista y de cualquiera a secas, no seamos cínicos, y cuando hablamos del mundo de la moda, este afán ambicioso se eleva a la enésima potencia, es el auténtico as de oros, la carta más codiciada, la letra A.

Otros días cuando me pierdo buscando las fotografías que ilustrarán futuros posts para los que recuerdo haber guardado imágenes que me encantaron en alguna parte, en algún momento, y como siempre sin apuntar las referencias, me es absolutamente imposible recordar el nombre del autor o la fecha en la que se tomaron tales instantáneas. Que menosprecio tan gordo a aquellos que las captaron. Es como si ustedes me leyeran y no me promocionaran, nunca les perdonaría.
Sin embargo, tengo esas imágenes grabadas con carácter perpetuo en mi retina y podría describirlas con todo lujo de detalles, sabría decir hasta la posición exacta de las manos de la modelo o dibujar el patrón de su vestido con los ojos cerrados… pero ni siquiera podría mencionar las iniciales del tipo que disparó aquel flash. Curioso. Google, afortunadamente para todos, aún no lee nuestras mentes, pero denle un par de lustros y tendré que desdecirme. Así que sí, a veces me quedo con esas imágenes atormentándome la memoria, quizá nunca las recupere pero nunca las olvidaré. Esto es precisamente lo que ocurre con Avedon.
Esto de la obra, el creador y el reconocimiento, es de lo que quería hablarles hoy, ya me entienden, de esos casos inexplicables donde la creación es tan fabulosa que uno se olvida por completo del que la realizó, transformando al autor en un anónimo en la oscuridad, un insulso escondido, un desconocido irrelevante. Es algo así como la sensación que tienes cuando has leído un relato maravilloso y eres incapaz de recordar el nombre de quién lo escribió, o cuando te sabes la letra entera de una canción y no sabrías a quien adjudicársela. Avedon es justo eso, seguramente sería un tipo interesante, pero su legado lo es más.

Robert Doisneau
Google, que casi todo lo sabe -y si no lo intuye- ha sabido captar esta esencia en la obra de Avedon que sin duda ha trascendido al propio Richard. El buscador vidente prevé que todos los que tratamos de indagar sobre la vida del fotógrafo en realidad pretendemos recopilar sus fotografías y retratos, destripar su legado sin importarnos el rostro del hombre que se ocultaba detrás de la cámara, el Gigante G sólo otorga importancia a la mirada del neoyorquino a través de sus fotografías.
Quizá Avedon se esté revolviendo en su tumba porque sea tan tremendamente complicado encontrar un primer plano suyo entre las imágenes googlelianas, quizá él mismo intentara escaparse de sí; los fotógrafos suelen pertenecer a esa especie en extinción que en creación literaria se denomina correlato objetivo, se cuenta algo a través de la poética de otros ojos, de otras personas, de otras miradas, pero las emociones y lo que se describe, en realidad pertenece a lo más íntimo de uno mismo, que es lo que se quiere contar. En cualquier caso, me ha sido terriblemente difícil encontrar primeros planos de este canoso escurridizo, pero las máquinas del tiempo es lo que tienen… todo lo pueden.
Richard Avedon (Nueva York, 1923-2004, Texas) alcanzó ese reconocimiento del que hablabamos al principio de este post relativamente pronto, su carrera comenzó en los años 50 con sus colaboraciones para la revista Harper’s Bazaar, y en poco tiempo se convirtió en el jefe de fotografía de la edición americana de una de las cabeceras de moda más importantes del mundo; el que sigue siendo el titán de las revistas fashionistas ha consagrado su sello estético precisamente gracias a la calidad del trabajo de Avedon, un gurú creativo que sin duda les dejó huella. La realidad es que el resto de las revistas de moda y tendencias pueden competir con el BAZAAR del estilo en distintos ámbitos, pero en el artístico, y sin excepción en cualquiera de sus ediciones, el magazine americano es la canela más fina.
Avedon se consolidó rápido como fotógrafo de moda y de la moda, sin embargo, no es que durante los revolucionarios 60 ni a lo largo de los excesivos 70 se alinearan los planetas ni los astros compusieran una melodía mágica para su éxitoso destino, Richard reformuló la fotografía de moda dando una vuelta de tuerca a aquella perspectiva etérea y distante desde la que captaban el dictado de la pasarela las cámaras de sus predecesores -Edward Steichen, Horst P. Horst y Cecil Beaton entre otros-. Simplemente se olvidó de las directrices tradicionales de aquella fotografía gélida de las décadas anteriores para pasar a hacer lo que conquista a cualquier amante del arte y golpea la curiosidad de cualquier ignorante: Avedon tenía algo que contar o quería contar algo.

El new look de Dior: Place de la Concorde, Paris 1947

Dior à Paris, 1947

Paris, 1948

Paris, 1948

Paris, 1949

Paris, 1949

Paris, 1949
Richard había pasado su infancia y su adolescencia en la tienda de moda que tenía su padre en la Quinta Avenida (Manhattan), donde tuvo su primer contacto con la moda y donde se dedicaba a recortar las mejores imágenes de las revistas Vanity Fair o Vogue cuando tan solo tenía 10 años. Fue descubierto en 1944 cuando trabajaba como fotógrafo publicitario para una tienda tras haber abandonado sus estudios en filosofía. Su talento era evidente y rápidamente comenzó a realizar colaboraciones para Harper’s Bazaar, Vogue y Life.
Con su trabajo, se abre una nueva puerta cuya influencia llega hasta nuestros días de la mano del elegante Testino, el provocador Terry Richardson, el reconocido retratista Patrick Demarchelier, el oscuro Steven Meisel o el plástico David LaChapelle; en cada uno de ellos hay algo de Avedon.

Paris, 1950

Paris, 1952

Balenciaga Paris, 1953

Paris, 1954
Si repasamos las fotografías previas a la incursión de nuestro protagonista en escena, podemos encontrar auténticas joyas de la alta costura deambulando en blanco y negro e impolutas bellezas de esas que ya no se ven -ni siquiera en los desfiles de Victoria’s Secret- sin embargo, en todas ellas destaca una única cosa, y es que la frialdad de los retratados produce el mismo dolor de cabeza que te azota la nuca y las sienes cuando terminas el último sorbo de un granizado en vaso de cristal. Miradas congeladas, medias sonrisas y enigmas sin respuesta… el vacío.
Avedon es la A de nuestro ABC porque constituyó una institución con su legado, no sólo porque perpetuó los diseños de Dior, Cardin, Balenciaga o YSL, sino porque contaba historias a través de sus fotografías, construía personajes, escenarios y situaciones que otorgaban un sentido a la moda y que aún hoy la dotan de coherencia estética y expresiva haciendo de ella un verdadero arte.

Dior, 1955
Dior, 1955
Balenciaga, Paris 1955
Dicen que sus sesiones eran eternas y que todo podía suceder hasta que la confianza se palpaba, la inspiración era tangible y el momento el oportuno.


Dior, Paris 1956

Cardin, Paris 1957
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Paris 1957

Paris 1957
Cuenta la leyenda que para la película Funny Face dirigida por Stanley Donen en 1957, en la que Audrey Hepburn y Fred Astaire interpretaban a una extraña pareja compuesta por una tímida bibliotecaria convertida en modelo de alta costura y un encantador cazatalentos que la descubre por casualidad, el propio Fred Astaire se inspiró en Richard Avedon para caracterizar al personaje.

En la película se nos traslada la glamourosa maquinaria de una revista de alta moda de finales de los 50, Quality, un auténtico alter ego del Harper’s Bazaar americano que se desvivía por lanzar una nueva supermodelo al estrellato que hiciera del manual de estilo la más exquisita de todas las publicaciones de moda editadas hasta la fecha.
En el 57 Audrey ya era la musa que seducía con más asiduidad a la cámara de Richard, dicen incluso que en una de las escenas de Funny Face donde Audrey y Fred se encuentran en una sala de revelado, la mirada retratada de la que interpretara descafeinadamente a la Holly Golightly de Truman Capote procedía precisamente de una foto que originalmente había tomado Avedon en una de sus sesiones con la cliente vip de Tiffany’s.

Las coincidencias son demasiado sospechosas teniendo en cuenta que el propio Avedon retrataba con frecuencia a Herpburn y que además por aquella época eran sus flashes los más requeridos por las portadas de las revistas americanas gracias a su trabajo para Harper’s Bazaar desde 1945 hasta 1965.


Truman Capote, 1955
Para captar la esencia de la revolución que supusieron la labor de fotógrafos como Irving Penn, Helmut Newton y el propio Avedon resulta muy ilustrativa la escena que se recoge en el siguiente video (min. 7.00 aprox) donde precisamente se demuestra cómo estos artistas abandonaron los métodos rígidos del pasado para recibir con los brazos abiertos a la improvisación, la interpretación, y, en definitiva, dar alas a la imaginación y la libertad creativa.
Sin embargo, no sólo Audrey y Capote desafiaron a la cámara de Avedon. China Machado, Humphrey Bogart, Los Beatles más psicodélicos, la Marilyn más atormentada, el irreverente de Dylan y hasta los carismáticos Kennedy sucumbieron a su mirada.






Lanvin, Paris 1961

NY, 1961-1962
Avedon decía que podía expresarse de manera más profunda a través de la fotografía que de sus propias palabras, cada uno se deshace de sus fantasmas como buenamente puede, pero sin duda él tenía una forma maravillosa de hacerlo.

NY, 1964

Paris, 1965

NY 1967

NY 1967

NY 1967

Dior, Paris 1970
Si quieres seguir disfrutando de Avedon, puedes hacerlo en el fantástico archivo de la web de su fundación.
Nosotros nos vemos dentro de casi nada : )

